sábado, 24 de octubre de 2009

Soy el piano, soy el pianista, soy... la melodía





Gracias querido amigo de la tienda de música.

Gracias por dejarme tocas ese piano, gracias por dejarme ser de nuevo pianista, por concederme ser uno con el instrumento, por permitirme volverme melodía...

Me has visto acariciar la laca negra de la dermis del piano, te has fijado en mis ojos, llenos de añornza y me has preguntado ¿Quieres probarlo?

Y mis ojos han hablado por mi, mi sonrisa lo ha dicho todo... me he sentado en la banqueta y me he dejado llevar por la música...

A pesar de llevar sin acariciar el marfil casi trea años he optado por una pieza complicada, que requiere mucha agilidad... tu has sonreido al reconocer el "Asturias" de Isaac Albeniz.

Mia manos ejecutaban la pieza con temor, pero solo han cometido dos fallos,casi imperceptibles para el oido profano. Al concluir he cerrado los ojos y suspirado profundamente... había contenido,sin darme cuenta, la respiración.

He bajado la tapa, tras colocar el paño de fieltro rojo en su lugar y te he mirado agradecido...

Hoy me has hecho feliz, porque he recordado lo que se siente al vibrar la música en mi interior, por que he sabido que mis manos no están del todo muertas (gracias en parte a la guitarra, esa que tú estás arreglando)...

Gracias, amigo de la tienda de música.

Siempre...

Belero

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